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RECIHYS - Revista Cientíca de Ciencias Humanas y Sociales
El sistema educativo contemporáneo a nivel global en-
frenta el desafío constante de evolucionar para res-
ponder a las demandas de una sociedad en rápida transfor-
mación (Rodríguez Diéguez, 2023). En este contexto, las
metodologías de enseñanza tradicionales, centradas en la
transmisión unidireccional de conocimiento, muestran li-
mitaciones para desarrollar las destrezas complejas que los
estudiantes necesitan en el siglo XXI.
Parece claro que el sistema educativo necesita un cam-
bio de rumbo. Y justo ahí es donde las llamadas estrategias
didácticas activas encuentran su espacio, ganando terre-
no cada vez con más fuerza. La idea central (y esto es lo
verdaderamente transformador) es bastante simple: poner
al estudiante donde siempre debió estar, en el centro de
esto en el día a día del aula? Si uno se pone a analizarlo, no
son más que un conjunto de herramientas y procedimientos
que el docente utiliza, con una particularidad que lo cambia
todo: exigen que la mente y las manos del alumno no paren.
indiscutible del proceso (Navarro Montaño, Piñero Virué,
et al., 2022). Sin eso, todo se queda en una mera teoría.
Hablamos de un abanico de metodologías bastante
diverso. Desde el siempre vigente aprendizaje basado en
cooperativo o las actividades orientadoras. Todas ellas, con
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tan la participación directa, la indagación y, sobre todo, una
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más crítica. El desarrollo de destrezas básicas en comu-
nicación, matemáticas y ciencias no es solo un objetivo
más, es posiblemente el pilar fundamental para todo lo que
vendrá después. Y no solo para los aprendizajes futuros,
2022). Es decir, estas habilidades van más allá de simple-
mente acumular contenidos.
Engloban, y esto es clave, la capacidad de aplicarlos
de manera funcional para resolver problemas de la vida
echemos una mirada al tablero ecuatoriano. Sí, han pasa-
do reformas, y no precisamente tímidas: nuevos currículos,
talleres para docentes, carpetas con sellos coloridos. Loa-
bles, sin discusión. El problema es que, cuando bajamos a
la sala de clases, el cuadro se vuelca, las pruebas nacionales
o internacionales, las que usted quiera, hablan alto y claro:
un buen montón de chicos todavía no pisa el umbral de
“competente” en lectura, en sumas, en ciencias básicas. Y
cada punto que se queda por debajo del mínimo arrastra
una trayectoria, menos opciones en el próximo grado, me-
nos chances de llegar al bachillerato, menos puertas cuando
techo de mañana.
Por suerte, la evidencia internacional ofrece un cami-
no. Investigaciones previas respaldan con contundencia
al. (2020) lo dejaron bien claro: cuando estas estrategias
entran en acción, y entran con ganas, los resultados aca-
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cho crudamente, le pasan la bayeta al modelo tradicional.
aprendido se meta en el cuerpo, se quede dando vueltas,
reaparezca cuando hace falta. Profundo, sí, pero también
pegajoso. Porque, mirémoslo así, lo que perdura es lo que
realmente vale.
Hay una necesidad clara de cambiar las cosas en edu-
algo que debería ser evidente. En medio de este debate, las
estrategias didácticas activas ya no son una opción margi-
nal, sino una respuesta casi natural. Su propuesta, si uno lo
piensa, es de una lógica abrumadora: hay que darle la vuel-
ta al aula de una vez. Pasar de un modelo donde el profesor
lo explica todo, a uno donde el estudiante es el verdadero
En la práctica, no es un misterio. Se trata de que el docente
despliegue un repertorio de herramientas, recursos, proce-
dimientos, dinámicas, pero con una regla de oro innego-
ciable. La clase no puede ser un monólogo. Tiene que ser
un espacio donde la mente del alumno trabaje, donde sus
manos se muevan, donde su actividad sea el motor que todo
lo mueve (Navarro et al., 2022). Si eso falla, todo lo demás,
bueno, todo lo demás se convierte en pura teoría. En un
castillo de naipes.
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rativo. Son aproximaciones que, en esencia, comparten un
mismo espíritu: impulsan una participación más auténtica,
despiertan la curiosidad y buscan que el conocimiento se
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es donde se forjan las destrezas básicas, comunicarse, razo-
como los cimientos de todo lo demás. Son, se podría decir,
los cimientos. Lo que sostiene todo lo que vendrá después:
aprendizajes más complejos y, quizás lo más crucial, la ca-
pacidad de un niño de integrarse de lleno en el tejido social
o fórmulas. Eso se olvida. La pregunta incómoda es otra: