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RECIHYS - Revista Cientíca de Ciencias Humanas y Sociales
estrategias didácticas para la integración de la diversidad
cultural (o la falta de ellas), incide directamente sobre la
variable dependiente, que es la calidad del proceso de en-
como la motivación, la relevancia percibida, el rendimiento
académico y el desarrollo de una conciencia intercultural
en la población estudiantil (Ibagón-Martín, 2020; More-
explora es la paradoja de enseñar sobre la sociedad en una
educativos de inclusión, justicia social y formación ciu-
dadana crítica (Abrantes Farias et al., 2024; Botero et al.,
2020). Partiendo de la problemática descrita, la pregunta
de investigación que guía este estudio es: ¿De qué modo la
elaboración e implementación de una propuesta de tácticas
didácticas fundamentadas en la integración de la diversidad
cultural ecuatoriana puede mejorar la calidad del proceso
de enseñanza-aprendizaje de las CS en el nivel de EGB?
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dad concreta: superar el desfase entre las prácticas pedagó-
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ra Morales (2017) y Oliveira (2020), y el requerimiento de
un enfoque educativo que responda a la realidad pluricul-
tural del país, tal como proponen Ortiz y García (2025) y
Sanhueza et al. (2019).
En correspondencia con lo anterior, se plantea la si-
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para integrar la diversidad cultural ecuatoriana, basada en
el uso de estudios locales, patrimonio cultural y perspecti-
proceso de enseñanza-aprendizaje de las CS en la EGB,
manifestándose en un aumento de la motivación e interés
del estudiantado, una mejor comprensión de los contenidos
y el fortalecimiento de su identidad cultural.
Si hay algo que dejó claro la revisión de estudios es que
los chicos aprenden de verdad cuando el contenido huele a
su territorio: cuando aparecen sus apellidos, su mercado, su
abuela (Ayala Andica, 2017; Pérez Cerro, 2018). Y si ade-
más se mezclan varias voces, no solo la del libro de texto,
la clase se vuelve un ejercicio de justicia social antes que de
memorización (Abrantes Farias et al., 2024; Botero et al.,
2020). Por eso, y no por gusto, esta investigación apunta a
una sola cosa: diseñar un juego de maniobras didácticas,
porque a veces hay que moverse por la tangente para que el
profesor de EGB pueda meter la diversidad cultural ecuato-
riana en las Ciencias Sociales sin que le duela.
Cómo se hará: revisando el currículo con lupa para ver
dónde se esconden los vacíos. Reunir teoría que hable de
pedagogía intercultural, pero en castellano real, no en jero-
en otros lados y robarlas con derecho. Armar una guía de
bolsillo, clara, paso a paso, sin versos, para que cualquier
docente la abra el lunes a las 7:00 a.m. y sepa qué hacer.
¿Por qué tanto alboroto? Porque, como describen Agui-
lera (2017) y Oliveira (2020), la mayoría de aulas siguen
importar el sabor local. En un país que se jacta de ser pluri-
nacional, eso no es solo un error pedagógico; es una deuda
política (Felsztyna et al., 2021; Guzmán y García, 2016).
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rrizadas, con nombre y apellido, que le saquen el miedo
a la interculturalidad. Para el chico: clases que le devuel-
van la cara, que le digan “tú cuentas”. Cuando eso pasa,
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mán, 2021). Además, al poner en valor lo que cada cultu-
ra aporta, estamos vacunando al aula contra los prejuicios
(Abrantes Farias et al., 2024). Se trata de construir ciuda-
danía de verdad: la que discute, la que respira, la que no
se calla cuando ve injusticia, tal como lo plantea Botero et
al. (2020). En la estantería teórica, este trabajo sirve para
juntar los libros que estaban dispersos: pedagogía crítica,
etnoeducación, TIC con sentido (Ortega y Gómez, 2017;
Ortiz y García, 2025) y decirles “aquí tienen un lugar co-
mún, úsenlo”.
Y, para terminar, la utilidad práctica: no vamos a entre-
gar un PDF que junte polvo. Vamos a dejar una guía que
cabe en la cartera, con ejemplos, errores posibles y hasta
chistes malos –porque el humor también enseña– porque
los docentes ya dijeron que necesitan recursos y no más
discursos (Castañeda-Meneses, 2019; Ibagón-Martín,
la guía, la prueba y siente que su clase dejó de ser un monó-
logo para convertirse en una conversación donde todos ca-
ben, habremos cumplido. Y si, de paso, algún chico se mira
en el espejo del currículo y se dice: yo también soy parte de
este país; entonces habremos dado un paso de gigante hacia
la cohesión social que tanto necesitamos.
Enseñar CS hoy parece un ejercicio de persistencia:
seguimos explicando la misma lección del siglo pasado y
crítica es global: la asignatura se aferra a la memorización
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nidad de formar ciudadanos capaces de cuestionar su reali-
dad (Aguilera Morales, 2017; Oliveira, 2020). El resultado:
bajo rendimiento, desmotivación y desconexión que ponen
en jaque la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje,
nuestra variable dependiente.
Cuando se lee la historia de la región, la cual es muy
similar para toda Hispanoamérica y el Caribe, es necesario
el tener conciencia de la realidad del contexto nacional e in-
ternacional en América, sobre todo, cuando existe una co-
nexión de dichas realidades con lo que sucede en la esquina
del barrio, del mercado del pueblo, las fábricas, algunas de
ellas cerradas hace muchos años, o las historias contadas
por los abuelos, es ahí, que algo nos llega en la consciencia
y de un momento a otro, esas historias se vuelven reales.
Es ahí cuando la clase realmente despega. Ayala Andica
(2017) y Pérez Cerro (2018) lo han documentado bien: el